MORIR AL MUNDO PARA VIVIR EN EL REINO DE DIOS.
La muerte y resurrección de Cristo no solo representa el cumplimiento del plan divino de salvación, sino que también nos llama a una transformación profunda y diaria. Al morir a las cosas mundanas y renunciar a lo material, encontramos una vida renovada en el reino de Dios, aun mientras vivimos en este mundo.
Jesús nos enseñó que el camino hacia la vida eterna implica una constante entrega.
En el Evangelio de San Lucas capítulo 9 Versículo 23 (Lc 9:23), Él nos dice: "El que quiera seguirme niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame." Esto significa que cada día debemos desprendernos de los deseos que nos alejan de Dios y elegir vivir conforme a Su voluntad, esto es morir cada día y resucitar en Dios.
La renuncia a lo material no implica ignorar nuestras
responsabilidades en la tierra, sino comprender que nuestra verdadera riqueza
no está en lo que poseemos físicamente. En Mateo Capítulo 6 versículos 19 y 20
(Mt 6:19-20), Jesús nos advierte: "No acumulen tesoros en la tierra,
donde la polilla y la herrumbre los destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban ...". Con estas palabras nos insta a que
nuestra prioridad debe ser acumular valores espirituales, como el amor, la
compasión y la fe, pues estas son riquezas eternas.
Cuando Cristo resucitó, demostró que la vida en Dios trasciende la existencia terrenal. Así, también nosotros debemos morir al pecado y resucitar a una nueva vida en Él. El apóstol San Pablo nos dice en Romanos capítulo 6 versículo 4: "Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucito de la muerte por la acción gloriosa del padre, también nosotros llevemos una vida nueva."
Aunque vivimos en este mundo, el reino de Dios ya está en
nosotros. Así, en el Evangelio de San Lucas capítulo 17 versículo 21, Jesús declara: "El
reino de Dios está entre nosotros." No se trata de un lugar
físico, sino de una realidad espiritual que se manifiesta en nuestro corazón
cuando vivimos según Sus enseñanzas.
Por lo tanto, nuestra vida debe ser un reflejo de este
renacer en Cristo. Cada renuncia, cada sacrificio que hacemos para acercarnos a
Dios, nos ayuda a experimentar Su reino en nuestro interior. Más allá de las
riquezas materiales, lo que verdaderamente importa es la comunión con Él y el
amor que sembramos en quienes nos rodean.
Renunciemos a lo que nos ata a lo pasajero y busquemos lo eterno. Vivamos cada día como una oportunidad para acercarnos más a Cristo y reflejar Su luz en el mundo. Así, aun estando físicamente en la tierra, nuestros corazones estarán siempre habitando en el reino de Dios.
¿Y tú, ya habías reflexionado sobre la muerte y la resurrección diaria? ¿Alguna vez has tomado una decisión para alejarte de las cosas mundanas, para acercarte más a Dios? Me encantaría que compartieras tus pensamientos y opinión en la caja de comentarios.👇
¡Nos vemos pronto! ¡Salve María!🙏

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